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Migración venezolana. En búsqueda de oportunidades con rostros de dolor.

Actualizado: 4 sept 2025


El Socialismo del siglo XXI. El sueño que se convirtió en pesadilla, ha llevado a millones de venezolanos a salir del país en búsqueda de mejores oportunidades. Según la Agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR, reportan 4.296.777 millones de venezolanos en todo el mundo, siendo Colombia y Perú los países con mayor recepción migratoria. Este estudio sobre las migraciones, evidencia el problema de política pública para los Estados receptores, es por esto que las políticas migratorias se van agudizando y aumentando las restricciones para el ingreso.


En Colombia han ingresado más de 900.000 mil venezolanos, según un estudio realizado por Migración Colombia , considerando a los venezolanos como la migración más grande de la historia. La cifra de venezolanos en Colombia sigue aumentando, porque es el país más cercano a Venezuela, comparten frontera y costumbres. Esta situación migratoria se ha convertido en una problemática regional y los países de América Latina, observan con preocupación el aumento de la migración venezolana.


Migrar es una decisión compleja porque la persona debe dejar su vida y zona de confort, para empezar desde cero en otro país con nuevas costumbres y reglas. La familia venezolana está desintegrada porque uno o más de sus miembros se fueron del país para mejorar su calidad de vida. En búsqueda de nuevos caminos y sueños es la realidad del venezolano, aunque también lo "malo" también se exporta fuera de las fronteras del país.


Les contaré mi experiencia cruzando la frontera de Venezuela y la realidad que se vive en Cucutá. Viajé a Colombia para visitar a mi hermana que decidió buscar nuevas oportunidades en Bogotá hace casi 2 años, para mi familia este viaje es importante porque significa el reencuentro y felicidad. Salir de Caracas, en la Venezuela del Socialismo, es difícil porque viajar en el interior del país implica someterse a la inseguridad y condiciones precarias. El sábado 17 de agosto fuimos a buscar pasajes en bus para San Cristóbal, fueron más de 8 horas pérdidas y no encontramos boletos en bus. En Venezuela, para viajar debes comprar el ticket el mismo día del viaje y los buses salen en la mañana o tarde porque la inseguridad se apodera de las carreteras.


Luego de la decepción y frustración del sábado, decidí cambiar de estrategia para lograr comprar el pasaje en bus. Madrugamos y nos dividimos en dos equipos, mi mamá se fue a un terminal y mi papá y yo fuimos a otro, esta estrategia nos daba mayor margen de acción y probabilidad de comprar el deseado boleto para San Cristóbal. La estrategia funcionó y finalmente compramos el boleto para ese domingo a las 4:00 p.m, en el camino la emoción nos invadía pero en las colas empecé a escuchar las historias de los migrantes. Era común escuchar: !Voy a Ecuador o a Perú, pero tenemos que entrar antes del 25 de agosto porque luego pedirán visa!. Esa frase fue la más común y el motivo de preocupación de miles de personas que deseaban salir del país.


El viaje de Caracas a San Cristóbal en bus son aproximadamente 16 horas, porque las vías no se encuentran en buenas condiciones. El trayecto fue largo y todo iba bien, hasta pasar el pueblo de El Piñal, antes de entrar a San Cristóbal, porque nos sorprendió un derrumbe en la vía que no permitía a los buses continuar el camino. Todos los pasajeros del bus decidieron bajarse y cruzar el derrumbe, pero nadie pensaba lo grave del asunto, las piedras y el lodo , tuvimos que cruzar con las maletas para lograr llegar a la ciudad.


Luego de atravesar el derrumbe, esperamos casi 2 horas para encontrar un transporte que nos bajará a San Cristóbal. En este punto del viaje, la viveza criolla fue la protagonista, los carros querían cobrar hasta 10$ por persona hasta San Antonio del Táchira. Después de la larga espera, logramos encontrar un taxi que nos cobró 50 mil por persona hasta la ciudad. Para los que desconocen la realidad del país, 50.000 Bs es más que el sueldo mínimo en Venezuela y encontrar el efectivo es complejo porque no hay liquidez monetaria.


Al llegar a la ciudad debíamos tomar otro bus hasta San Antonio del Táchira, frontera de Venezuela con Colombia. En el Táchira la moneda de curso es el peso colombiano, es común cambiar divisas a esta moneda y realizar compras en pesos, por ser ciudad fronteriza se puede encontrar productos colombianos y la escasez no se evidencia. Para poder llegar a San Cristóbal me quedé sin Bolívares y tuve que cambiar de dólares a peso, luego de realizar el cambio tomamos el bus hasta San Antonio del Táchira. Fueron casi 2 horas de trayecto y al llegar empezó la travesía migratoria, la presión por cruzar la frontera y ver los rostros de la migración.


Antes de cruzar la frontera la primera recomendación fue: No dejes que nadie te agarre la maleta y ni mires a nadie. Esa frase estuvo en nuestra mente por todo el paso, en ese momento un señor que viajaba en el bus de San Cristóbal a San Antonio nos dijo esa expresión y agregó: No permitan que le cobren por sellar el pasaporte en migración Colombia porque es una estafa. Todas estas expresiones evidencian la decadencia de la sociedad venezolana, donde la trampa y estafa nos consumen.


Mientras caminamos hasta la salida de Venezuela, los vendedores ambulantes y el caos se apoderada del pueblo, al llegar al SENIAT de Venezuela hicimos una pequeña cola para sellar. Corrimos con suerte porque en la mañana ¨no había sistema" y el proceso para sellar el pasaporte duraba hasta 4 horas.


En esta cola para salir de Venezuela viene una historia que me llegó al alma, un señor mayor de 70 años estaba conversando y nos dice: "Voy a Ecuador porque mi hija está allá, yo estuve hace meses pero me regresé para solucionar unos asuntos en Venezuela, pero ya me voy definitivo porque no pasaré los últimos años que me quedan de vida en una jaula". El abuelo llevaba un sombrero y su maleta, luego se sentó a comer algo porque el camino era largo, pero su preocupación era que no tenía dinero porque estaba esperando que su hija le enviará remesas para comprar el boleto el bus a Ecuador. Este señor reflejaba la dura y triste realidad de los abuelos venezolanos, que ven su vejez como una tortura donde no hay medicamentos y no encuentran la paz que necesitan.


Al llegar al punto de migración sellamos sin problemas, pero noté las restricciones para los padres que viajan con niños y las personas con pasaporte vencido porque no podían sellar la salida en Venezuela. Luego vino el momento más esperado y estresante, cruzar el puente Simón Bolívar, en la mente lo primero que se me venía era: "que no me pare un Guardia Nacional a revisar la maleta".


El estrés aumentaba porque debía velar por mis padres y estar atento de ellos, que no quedaran atrás y cruzaran en paz. En la mitad del puente Simón Bolívar todavía se puede observar el camión que incendiaron cuando se intentó ingresar la ayuda humanitaria por esa vía. Cuando llegamos al punto colombiano pude respirar y dije: "ya estamos acá y no me importa cuánto duremos en Migración Colombia". Mi preocupación era que teníamos pasaje en avión de Cucutá a Bogotá para el martes 20 de agosto, y decidimos cruzar frontera el lunes 19 para estar más seguros y evitar cualquier contratiempo. !Salir de Venezuela fuera una tortura, entre presión y miedo, porque todo puede ocurrir en un segundo!.


Finalmente llegamos a Migración Colombia, la cola era gigante y nos asignaron un número en los pasaportes, eramos el 2570 y la cantidad de personas era increíble. El motivo del volumen era las restricciones de visa que aplicarían para ingresar al Ecuador el 25 de agosto. Los rostros de inmigrantes era de preocupación, desesperanza, nervios y confusión, pero llenos de esperanzas y ganas de seguir. Lo común era ver familias completas que decidieron salir para probar un nuevo rumbo y salir de la crisis venezolana. Lo común era escuchar: En Venezuela ya no se puede vivir y mis hijos merecen un mejor futuro. En la cola escuché muchas historias, pero solo les comentaré algunas que me impresionaron.


Una de ellas era una mujer embarazada con 8 meses que estaba en el campus con su hijo de 2 años aproximadamente, la muchacha fue a primeros auxilios porque no sentía al bebé y apenas su viaje empezaba porque iba a Ecuador. Los médicos la enviaron directamente al Hospital de Cucutá porque el caso se escapa de sus manos. En ese momento, el sueño de salir de esta joven se quedó estancado entre dolores y miedo de perder a su bebé.


Otro rostro de inmigrante me llamó la atención, fue una muchacha que me preguntó con mucho miedo y desconcierto sobre el autobús de la ayuda humanitaria. Le dije que fuera a la carpa de información, pero me pidió el favor que la ayudará con sus niños, la madre tenía un bebé en brazos y dos niños pequeños que no superaban los 4 años. La ayudé con las maletas y dejé a los niños sentados porque ya llevaban muchas horas parados, mientras la madre con cara de desespero y lágrimas en los ojos, buscaba ayuda para poder salir.


La salida de Colombia duró casi 4 horas porque la cola para sellar el pasaporte era gigante, pero noté el gran esfuerzo que hace el gobierno colombiano, ACNUR y la Organización Internacional de las Migraciones. Instalaron un campo de refugiados donde se brindan servicios de primeros auxilios, atención psicológica, asesoría legal y migratoria. Durante la cola, el personal de ACNUR brinda información de interés para los inmigrantes sobre cómo salir y qué deben hacer antes de llegar a sus destinos. El trabajo de estas organizaciones es digno de admirar porque atienden a las personas con una sonrisa y les dan un poco de calma ante el desespero. La migración venezolana se convirtió en un asunto humanitario y es tratado con el respeto y prioridad para Colombia, ACNUR  y la OIM.


Al sellar la entrada a Colombia pude respirar, el cansancio se apoderaba de mi cuerpo pero con la satisfacción de haber logrado el objetivo. Lo que para mi fue felicidad, para muchos era una tortura o miedo a lo desconocido, porque su viaje apenas empezaba.


Esta experiencia en frontera es un duro golpe a la realidad, que te llena de sensibilidad y vulnerabilidad, tristeza y decepción, porque vez a millones de venezolanos que salen de su hogar y dejan sus vidas atrás para empezar desde cero. La Revolución es la pesadilla y desgracia del país, millones de sueños y un país en ruinas lleno de sombras y lágrimas.


La migración venezolana busca un camino de oportunidades con rostros de dolor, pero con la esperanza y ganas de seguir adelante a pesar de las adversidades. Si algo tenemos los venezolanos es nuestro buen humor y la capacidad de actuar en los momentos más duros, puede considerarse una maldición o una bendición, pero ayuda a atravesar la dura situación que se vive en Venezuela. !Migrar o quedarse es una decisión de valientes, nadie es mejor que el otro porque todos somos venezolanos!

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