Venezuela en tiempos de oscuridad
- José David Cedeño
- 12 mar 2019
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 4 sept 2025

La oscuridad es la ausencia de luz en un espacio o lugar, también se refiere a la falta de conocimiento en la sociedad. El 07 de marzo del 2019 ocurrió en Venezuela un mega apagón, donde el servicio eléctrico falló a nivel nacional. El país se quedó a oscuras y en penumbras, generando la incertidumbre y desespero de los ciudadanos. Este post no será analítico, sino personal porque quiere expresarme y soltar mediante la escritura, es un sentimiento que muchos compartirán y otros no. En estos momentos, atravesamos una etapa oscura en el país donde no se ve salida al caos y el miedo se apodera de todos.
El relato de la luz inicia el jueves 07 de marzo a las 5:18 p.m., me encontraba en la oficina porque tenía unos pendientes, en cuanto se fue la luz y se encendió la planta del edificio, decidí terminar la jornada y retornar a casa porque el camino era largo. Al salir, noté mucha gente en las calles y el colapso porque las estaciones del Metro estaban cerradas. Caminé desde Chacaíto a Plaza Venezuela por el Boulevard de Sabana Grande, un recorrido que hago a diario para evitar montarme en metro a hora pico. Mientras caminaba por Sabana Grande el mar de gente era impresionante, pero pensé que era un apagón más. Llegue a Zona Rental para esperar el bus a mi casa, pero las paradas estaban repletas y no pasaban buses, las calles y la cola se desbordada, empezaron a llegar buses pero cobrando 1000 Bs en efectivo.
En medio del caos, intenté comunicarme con mi familia para que me fueran a rescatar pero fue misión imposible, las líneas telefónicas no funcionaban. Cuando logré hablar por teléfono, fui breve y espere en Plaza Venezuela, pasaron dos horas desde mi llegada a la parada hasta que pasaron a buscarme en carro. El ambiente era pesado, las personas estaban asustadas y se escuchaban historias como: "yo vivo en los Valles del Tuy y ahora no se qué hacer". La ciudad estaba en penumbras y la noche había llegado, en Venezuela que te agarre la noche en la calle es una señal de alerta porque vivimos a merced de la inseguridad. Al momento de montar en el carro, sentí alivio pero con mucha impotencia, en el camino observé personas caminando por la autopista, montadas en grúas y camiones, para poder llegar a sus destinos. Al llegar a casa, respiré en calme y mi familia estaba tranquila porque era el último que faltaba para estar en resguardo.
Desde el jueves 07 al viernes 08 de marzo, no había luz y la preocupación por estar incomunicados aumentó, solo logramos comunicarnos con mi familia en el interior del país. Ese día lo tomé con calme y respiré para no entrar en desespero, la luz finalmente llegó a las 2:30 p.m., luego la luz estuvo intermitente y se fue nuevamente en dos oportunidades. A las 9:10 p.m. del mismo día, el servicio eléctrico se mantuvo y cargamos los celulares, revisé las noticias y estuvimos calmados. Sin embargo, al leer los mensajes, videos y fotos de lo que ocurría por el apagón, me hizo sentirte impotente y con mucha rabia. Los venezolanos estábamos sufriendo las consecuencias de la ineficiencia e indolencia del chavismo.
El sábado 09, el objetivo era comprar algo de comida para tener reservas pero los puntos no estaban pasando por las fallas eléctricas. A las 11:18 a.m. se fue la luz nuevamente y el día se hizo eterno, pasamos 14 horas sin electricidad. Ese día mis ánimos bajaron y sentía que nadaba en contra de la corriente, la rabia y preocupación se apoderaba de mi mente. Pensaba en que la comida no se dañara, los electrodomésticos, las reservas, y lo más importante, en la humillación que era no tener luz por la negligencia y la corrupción.
Mi mayor preocupación eran mis padres, tratar de luchar y aparentar que todo estaba calmado, pero mi silencio y cara reflejaban la frustración del momento. Luego de largas horas, decidí aprovechar el tiempo en cosas productivas y trabajar en mi tesis, agarré un bolígrafo y bloc para anotar un esquema y organizar las ideas. Soy de las personas que cree fielmente en la formación profesional y es algo que me satisface, decidí no tumbarme por la situación y sacar fuerzas donde no las tenía.
La luz llegó a las 2: 10 a.m. del domingo 10 de marzo, ya mi preocupación había cambiado, y era trabajar en el freelance, estaba atrasado y no había logrado trabajar. Para un venezolano que busca sobrevivir en su país, generar ingresos extras es fundamental para poder cubrir las necesidades económicas. Estaba atrasado y aterrado en perder mi trabajo, porque me he esforzado para mantenerlo y dar lo mejor de mi, no iba a permitir que la luz me lo arrebatara. Finalmente, logré trabajar y ponerme al día, pero con el Internet intermitente y el miedo a que la luz fallara nuevamente.
Los días sin luz me llevaron a pensar y observar muchas cosas, por ejemplo, la mentalidad del venezolano. Las calles sin luz, pero había música a todo volumen en un carro. Pero de todas las cosas, lo peor fue estar incomunicado y en una burbuja, sin saber qué ocurría, me sentía en el siglo XIX en pleno siglo XXI. Con velas y sin agua, se pasaron los días del caos. No poder comunicarme con mi hermana, mis amigos y seres queridos fue frustrante, así como quienes estamos en Venezuela sentimos angustia, los venezolanos que están afuera se aterran en pensar lo peor.
La oscuridad llegó al país con este colapso, pero ya llevamos 20 años en las penumbras. En Venezuela se sobrevive, no se vive porque no hay calidad de vida para surgir. Los jóvenes las tenemos más complicado, hay mil razones para irse y dejar todo abandonado, provoca "tirar la toalla" pero la terquedad y ganas de seguir en medio del caos es mayor. Son tiempos oscuros, pero está en cada quién aprender de las adversidades y no desistir, nos quieren desmoralizar y hacernos sentir sin salida pero la luz llegará al final del túnel.
La rabia, impotencia, desespero, tristeza entres otras reacciones. Provoca gritar, llorar y vivir en el rencor. Somos una generación que crecimos bajo el chavismo, pero su destrucción y caos, nos lleva a despreciar toda esa estructura que nos ha hecho daño. Todavía vienen días más oscuros, porque los problemas se agudizan y no se pueden controlar. Es la luz, el agua, la escasez, inseguridad, hiperinflación y múltiples problemas que tiene a Venezuela bajo la oscuridad. Estoy convencido que vendrán tiempos mejores, no sé que tiene el destino preparado para mi en los próximos años pero seguiré trabajando y apostando a mi país.




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