Venezuela ya no es tan chévere
- José David Cedeño
- 20 ago 2018
- 3 min de lectura
Actualizado: 20 sept 2025

Los venezolanos usamos el coloquio "chévere" para indicar que algo es bueno. La expresión es usada para referirse a personas, lugares o situaciones, esa palabra es parte de la cultura venezolana. Es común escuchar en un café, reunión entre amigos o cualquier lugar del país la frase "esta persona si es chévere", porque el venezolano se define como alguien simpático y con buen humor ante cualquier situación.
Venezuela, un país con recursos naturales y maravillosos paisajes, se ha convertido en una país exportador de inmigrantes. La crisis estructural que atraviesa el país, lleva a muchos venezolanos a salir de su tierra porque "Venezuela ya no es tan chévere" para vivir. No es chévere porque le ha quitado las oportunidades y las ganas de soñar a los venezolanos.
Durante los 20 años de la Revolución Bolivariana, el proceso de decadencia social ha incrementado la corrupción, y la famosa "viveza criolla" nos ha llevado al abismo de convertirnos en una sociedad de cómplices y víctimas. Con la excusa que en crisis "sobrevive el más fuerte", la gentileza del venezolano se borró de la conciencia colectiva y se convirtió en un instinto de supervivencia.
Las sociedades a nivel mundial tienen sus bases en los valores y la cultura, pero la sociedad venezolana ha cambiado. Esos valores se transformaron porque el venezolano del siglo XXI borró de su ADN y del vocabulario la palabra "respeto". El respeto al espacio del otro, respeto a las creencias culturales y religiosas, respeto a la vida y todo lo referente a la convivencia ciudadana.
El venezolano en crisis es irrespetuoso en todos los lugares, es común ver discusiones en la calle, el metro o cualquier esquina. El ambiente colectivo es tóxico y eso afecta la conducta del individuo, porque las noticias negativas afectan a la sociedad. Todos los días del venezolano se han convertido en un mar de lamentos y pesares, generando una especie de "histeria colectiva".
Ya no somos tan chéveres ni dentro del país ni fuera de nuestras fronteras. La comunidad internacional ya no ve con buenos ojos a los venezolanos, porque tenemos un gobierno que no respeta los derechos humanos, una crisis económica y la corrupción que traspasa las fronteras. No solo el gobierno que nos representa ha generado una mala imagen de Venezuela, sino que los mismos compatriotas que han emigrado a otras tierras han empañado la imagen del venezolano.
Al venezolano que lo tocó emigrar y salir del país en busca de nuevas oportunidades, debe superar los obstáculos y hacer una nueva vida. Los hogares venezolanos se han separado, ya es normal escuchar "fulano se va del país" o "mi hermano, primo o familia están fuera".
Hay dos realidades de los venezolanos, los que están afuera y los que estamos en el país. Ambas realidades son duras y no excluyentes, porque todos somos venezolanos sin importar donde te encuentres. A todos nos duele el país ver la tierra donde naciste sumergida en un callejón sin salida y devastada por la crisis.
El venezolano está herido por dentro, porque siente que una parte de él se fue y no tiene la esperanza de recuperarla. Los jóvenes que hemos crecido con la Revolución, no conocemos otra cosa que no sea esto, pero nuestros padres y abuelos que vivieron en otros tiempos, conocen que Venezuela fue una tierra de oportunidades.
El ser una persona "chévere" no implica ser agradable a todo el mundo, o mejor dicho "ser pana" no te convierte en alguien exitoso. Un venezolano chévere es aquel que trabaja duro, respeta al otro, cumple las reglas y busca avanzar sin humillar al otro. Tenemos en la conciencia colectiva que somos los mejores, cayendo en la arrogancia colectiva y hasta detestable. "Tenemos las mejores playas, las mujeres más lindas y la tierra bendita", pero eso no nos convierte en los mejores. Pero tener los recursos y no trabajar no nos hace los mejores.
Estamos en tiempos complejos donde la desesperanza y la barbarie se apodera del país. Emocionalmente estamos llenos de ira, rencor y agresivos ante cualquier situación. Pero los tiempos de crisis no son eternos, vendrán tiempos mejores y para reconstruir a Venezuela. Ese venezolano chévere volverá, tocará construir las bases y trabajar duro para ver al país crecer.
Quizás no me tocará ver esos tiempos de reconstrucción; será otra generación que vivirá estos tiempos. Pero está en nosotros vivir estos tiempos de crisis con fortaleza, dejar la queja a un lado y trabajar por las metas personales y colectivas. Un país no se construye entre lágrimas y lamentos, se construye con trabajo y una sonrisa, son tiempos difíciles y vendrán más golpes pero hay que limpiarse las rodillas y seguir avanzando.




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